Tras la Caverna


Hace mucho tiempo, aún cuando rugían los más grandes felinos de la tierra, un grupo de homínidos desterrados de las copas de los árboles hallaron refugio en la boca de las profundidades. Allá donde las pesadillas del averno se convierten en realidad, donde, dicen, se oye cantar a la sibila de cumas, el hombre forjó su destino. Cuan gusano de seda en su capullo, el ser humano se gestó escondido en el vientre de Gea, para dar su primer paso hacia la más hermosa civilización.
Los pueblos se dispersaron abarcando toda la superficie del globo terráqueo. Atravesamos estepas, cruzamos mares y encumbramos las montañas más altas. Y soñamos con acariciar el sol, con las estrellas, con los espíritus y rusalkas, con el alma de los demás animales que convivían con nosotros. Imaginamos un mundo fantástico, descubrimos un mundo mejor y, en mitad de la batalla, vislumbramos la sonrisa más tierna... la única que sería capaz de detener a los propios dioses.

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